Vivir en un entorno natural trae beneficios para el adulto mayor

«La calidad de vida y el bienestar son dos variables con una alta carga de subjetividad que impactan la salud tanto física como mental de las personas, uno de los factores que puede incidir en estos aspectos es el factor ambiental en el que diferentes estudios muestran el efecto que tienen este tipo de entornos en los seres humanos, lo que ha contribuido con la creación de la gerontología ambiental» (Trinidad, 2020).

Estudios demuestran un beneficio en las personas que tienen exposición a elementos naturales del paisaje, como árboles y flores, y en general, las áreas verdes arboladas, pues contribuyen a generar entornos estimulantes y atractivos que inciden en el envejecimiento saludable, elevando la satisfacción y afectividad en su entorno por medio de comportamientos ecológicos y el favorecimiento de las actividades cotidianas, como relaciones sociales y ocio, las cuales mejoran la percepción de la salud y disminuyen las necesidades de ayuda. Se dice que estos entornos permiten que se generen valores que contribuyen al estado de ánimo,  incluso impactan positivamente a la identidad personal, pues en últimas favorecen la seguridad, conectividad con la naturaleza y la comunidad (Sánchez- González, Adame & Rodríguez-Rodríguez, 2018).

Por otro lado, estudios han encontrado una asociación entre morbilidad y mortalidad en población mayor y los espacios urbanos que pueden incrementar “riesgo de caídas, atropello y delincuencia” lo que en últimas favorece el confinamiento en casa y con ello una disminución en actividades físicas, sociales y de ocio que terminan por contribuir en un mayor deterioro tanto físico como cognitivo (Sánchez, 2015).

Siguiendo a Sánchez (2020) encontramos que los hallazgos han contribuido al cambio de paradigma, donde inicialmente se consideraba el factor genético como el directamente relacionado con la longevidad, sin embargo, en el momento se ha constatado que el contexto ambiental, tanto físico como social, explica en mayor medida la esperanza de vida; esto en gran medida relacionado con el hecho de que las interacciones ambientales contribuyen a generar actitudes positivas (esperanza) y negativas (estrés) las cuales afectan la sensibilidad y actividad de las personas mayores en el lugar, condicionando sus oportunidades y capacidades para afrontar la vida cotidiana (Werner Whal, y Lang, 2003; Krause, 2004 citado en Sánchez- González, Adame & Rodríguez-Rodríguez, 2018).

Finalmente podemos concluir reiterando que el paisaje natural puede ser un elemento terapéutico que contribuye a favorecer el envejecimiento saludable y mejora la calidad de vida de las personas mayores. Así, la exposición a los elementos de la naturaleza se asocia con mejoras en la salud física y psicológica, incrementando los efectos positivos, puesto que favorecen el funcionamiento cognitivo, físico, el apego a la comunidad y el deseo de interacción social.

Por esos motivos nuestras residencias especializadas para el adulto mayor cuentan con espacios verdes. En Hábitat queremos que nuestros residentes siempre estén bien.

Referencias

Sánchez, D. (2015). Ambiente físico- social y envejecimiento de la población desde la gerontología ambiental y geográfica: Implicaciones socioespaciales en América Latina. Revista de geografía Norte Grande, 97-114.

Sánchez-González, D., Adame, L., & Rodríguez-Rodríguez, V. (2018). Paisaje natural y envejecimiento saludable en el lugar: el caso del Parque Nacional Cumbres de Monterrey (México). Boletín de la Asociación de Geógrados Españoles, 20-51.

Trinidad, M. (18 de Enero de 2020). Personas mayores y medio ambiente. Obtenido de https://www.laverdad.es/opinion/personas-mayores-medio-20200118004008-ntvo.html?ref=https:%2F%2Fwww.google.com%2F